Regreso a Querétaro con la columna Nada Personal, una reflexión sobre el panorama político rumbo a las elecciones intermedias y el inicio anticipado del proceso electoral.
Hoy regreso a mi adorado Querétaro. Después de un año de no encontrarme con ustedes, mis queridos lectores, vuelvo con esta columna llamada Nada Personal, que no tiene nada que ver con la novela de la otrora novísima TV Azteca, sino más bien con eso de “pintar rayita”, como en las canicas.
Dos mil veinticinco ya va en las últimas y el año que entra se viene con todo. ¿Por qué? Pues porque es la antesala de las elecciones intermedias, donde elegiremos —entre otras cosas— al titular del Poder Ejecutivo. Decía don Jesús Reyes Heroles que el que respira, aspira; y el que no aspira, expira. Y es que la elección del 27 comenzó cuando la última casilla cerró en dos mil veinticuatro. En el bello oficio de la política siempre se está en temporada electoral, y el año venidero será decisivo para muchas y muchos: para quienes sean bendecidos por quien haya de otorgar candidaturas y también para quienes les toque hacer banca.
Que a nadie sorprendan las bardas con mensajes poco subliminales en los rincones más alejados de la sierra, ni tampoco por la ya célebre zona motelera de la autopista México–Querétaro. No lo digo con reproche, pues dicen por ahí que en tiempos de batallas intestinas y externas todo se vale, porque en política, todo es Nada Personal.
En política no hay sorpresas, solo sorprendidos. Lo demás, es Nada Personal.
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