El arranque de 2026 volvió a sacudir la política internacional. La operación de Estados Unidos contra Nicolás Maduro reabrió el debate sobre soberanía, derecho internacional y democracia, dejando claro que en geopolítica el poder suele pesar más que los principios. En política no hay sorpresas, solo sorprendidos. Lo demás, es Nada Personal.
2026 empezó con todo. Todavía no nos terminábamos nuestro bolillo por el sismo de magnitud 6.5 cuando el mundo recibió otra sacudida: el secuestro de Nicolás Maduro.
Y antes de aplaudir o de indignarnos, vale la pena hacer una pausa. Respirar. Porque cuando la política se analiza en caliente, casi siempre se cometen errores en frío.
Sé que puede resultar impopular decir las cosas como son, pero así fue. Y estas líneas no buscan limpiar, ni de lejos, lo que el chavismo ha hecho con el pueblo venezolano. La diáspora venezolana ronda los ocho millones de personas que primero salieron en busca de oportunidades y después, simplemente, para salvar la vida.
Lo que sí es importante decir es que Donald Trump ya entendió algo peligroso: que sus acciones no parecen tener consecuencias reales. En su lógica supremacista, donde se asume por encima de todo, incluidos los ordenamientos ininternacionale el gran bully del mundo dio su primer golpe serio. Y lo más preocupante no es el golpe, sino la tibieza de la respuesta global.
Trump no está improvisando, está probando hasta dónde puede llegar. Y hasta ahora, el mundo le ha respondido con algo peor que el rechazo: con silencio, con cautela, con cálculo.
La condena que ha hecho la presidenta Claudia Sheinbaum no está mal y se suma a las expresadas por varios países de América, Europa y Asia. Lo que no sorprende, porque ya es costumbre, es la defensa ciega que hacen los aplaudidores de la 4T hacia Nicolás Maduro. Era de esperarse. En México solemos condenar la violación al derecho internacional… siempre y cuando no incomode a nuestra narrativa.
Porque aquí está el fondo del asunto: a Estados Unidos no le molesta el chavismo, le molesta no controlarlo. Si quienes se quedaron aceptan las condiciones, el chavismo tiene todavía mucho tiempo por delante, aunque cambie el discurso o el rostro visible del poder.Quitar a una figura no desmonta una estructura. Y celebrar demasiado pronto suele ser la antesala de decepciones mayores.
En política no hay sorpresas, solo sorprendidos. Lo demás, es Nada Personal.
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